Incluye estas 3 rutinas en tu día a día y mantén el estrés a raya.

El estrés es ese tema de conversación recurrente y que todos en algún momento sufrimos pero: ¿sabes qué es realmente el estrés?

El estrés es una respuesta fisiológica (natural) del organismo a una situación de superación. Cuando queremos avanzar, en cualquier ámbito de nuestra vida, nos encontramos con situaciones novedosas que debemos afrontar.

Esa salida de nuestra “zona de confort”, nuestra zona donde nos movemos diariamente como pez en el agua, nos obliga a readaptarnos. Tenemos un nuevo horario de trabajo, un nuevo ritmo de estudio… y necesitamos reubicar nuestras rutinas. Eso nos obliga a ponernos en alerta.

¿Entonces, el estrés no es malo?

El estrés “per sé” no. Algo que nos pone en alerta para avanzar, que nos aumenta el rendimiento, es totalmente necesario. Lo malo es cuando el estrés se nos va de las manos.

Si ese nivel de alerta se alarga en exceso o interrumpe nuestra proyección de futuro, es cuando corremos el riesgo de ser víctima de sus efectos y, en vez de evolucionar, involucionamos.

Nos ata de pies y manos y podemos llegar a sentir justamente que no avanzamos. ¿Has tenido alguna vez esa sensación? Seguro que sí. Tienes tantas cosas por hacer que tienes la sensación que necesitas un día de 36 horas por lo menos.

El trabajo, los estudios, la casa, los niños, la pareja, los amigos, el deporte… ¿Cómo voy a ser capaz de hacerlo todo sin llegar  a la cama como si me hubiera peleado con King Kong?

La tolerancia al estrés es diferente en unas personas y en otras.

Hay gente que es capaz de afrontarlo de manera estoica mientras otras personas se “ahogan en un vaso de agua”. Precisamente para las segundas van estos consejos.

Coge papel y lápiz y toma nota de estas 3 sencillas rutinas que deberás implementar desde hoy mismo.

  1. Aligera la comida.

Cuando estás dentro de la borágine en la que tu cuerpo se está readaptando a la nueva situación, ayúdale con la comida.

Parece una tontería, pero las comidas copiosas exigen destinar mucha sangre al estómago para hacer la digestión. En los momentos de estrés, es primordial que la sangre esté disponible para llevar el oxigeno y los nutrientes a los músculos y especialmente al cerebro.

“Secuestrándola” en las comidas, te sentirás, a parte de más pesad@, mucho más lent@ para tomar decisiones.

Recuerda que es imprescindible que la sangre esté disponible para llevarla a los lugares que la necesitan, así que aumenta tu ingesta de vegetales crudos, frutas, pescado y frutos secos disminuyendo los alimentos procesados, las carnes grasas y el alcohol.

Hidrátate en abundancia, toma infusiones (el café o el té rojo, con moderación, son ideales para mantener el nivel de alerta) y, desayuna TODOS LOS DÍAS.

2. Organiza tu tiempo.

Llevar una alimentación adecuada exige tener tiempo para organizarla. Si, además, debes practicar algún deporte al menos 3 veces por semana durante una hora para despejar la cabeza, huye de la frase hecha “es que no tengo tiempo” y ponte las pilas.

¿Sacar tiempo? Pues como no lo pinte…

Pues efectivamente. ¡vamos a pintarlo! Literal. Al terminar este puntos y sobretodo, PONERLO EN PRÁCTICA, es bastante probable que te quedes con la boca abierta.

Necesitas:

  • Una hoja de papel tamaño A4 (un folio)
  • Un boli.
  • Una lista de cosas por hacer.
  • Sinceridad absoluta y objetividad.

Vamos a empezar…

Haz una cruz en el folio que lo divida en 4 partes (procura que sean iguales, no me seas chapuzas…) y rellena los espacios como lo hago yo en la ilustración. No hace falta que marques las Eisenhower estrésletras A, B, C y D, eso sólo lo utilizaremos después para dar sentido a este cuadro.

Esta herramienta se llama Matriz de Eisenhower.

Como ves, la distribución es muy sencilla. Se trata de organizar las tareas atendiendo a dos variables: urgencia e importancia.

Las cosas urgentes son aquellas que NO SE PUEDEN DEMORAR. Si no hiciéramos las tareas clasificadas como urgentes, las consecuencias inmediatas serían catastróficas (imagínate una parada cardiorrespiratoria. Como no se solucione, la persona morirá inevitablemente).

Las cosas importantes son relativas y van a variar dependiendo de unas personas a otras.

Podríamos decir que son aquellas que TIENEN UN IMPACTO GRANDE EN LA VIDA DE LA PERSONA. De no llevarlas a cabo, sufriríamos una merma en nuestra calidad de vida (si tu pasión es la música, por ejemplo, no poder escucharla generaría en tí un sentimiento de desasosiego, de vacío). debemos diferenciar bien este punto y no confundirlas con caprichos.

Continuando con el diseño de nuestro folio, ahora tenemos 4 cuadrantes:

  • Arriba a la izquierda el cuadrante A: tareas URGENTES e IMPORTANTES.
  • A la derecha, el cuadrante B: tareas NO URGENTES pero IMPORTANTES.
  • Abajo a la izquierda está el cuadrante C: tareas URGENTES pero NO IMPORTANTES.
  • Por último, el cuadrante D: tareas NO URGENTES y NO IMPORTANTES.

Empieza a distribuir tus tareas y quehaceres diarios a lo largo de los diferentes cuadrantes. Sobretodo sé realista. 

Si no lo has hecho aún, es el momento de descargarte mi ebook “El Secreto para Ganar Tiempo”, un regalo que tienes simplemente por suscribirte y en el que te cuento más detalladamente cómo trabajar con los cuadrantes.

Analizando la matriz, las tareas que van a disparar nuestro nivel de estrés son aquellas que se sitúan en el cuadrante A.

Si tienes muchas de las tareas en esa casilla… enhorabuena! Este artículo te viene como anillo al dedo 😉

Ahora nos toca priorizar las tareas por cuadrantes y es aquí donde empieza a construirse nuestro castillo de naipes particular.

Por norma general, solemos distribuir mal el tiempo que le dedicamos a las tareas y es cuando nuestro castillo de naipes se desmorona.

En cada cuadrante hemos generado una familia de tareas que responden a la misma acción. Evidentemente, no son iguales y por ende, deberemos priorizar las del cuadrante A frente a las del cuadrante D. ¿No es lógico?

Gestión del tiempo en el estrés

Cada cuadrante nos está dando una orden que deberemos respetar:

  • Cuadrante A: HAZLAS YA, HOY MISMO. No pierdas tiempo.
  • Cuadrante B: BUSCA UN HUECO EN TU AGENDA y HAZLAS. Pero no te eternices.
  • Cuadrante C: BUSCA AYUDA e intenta que alguien las haga por ti si puedes.
  • Cuadrante D: OLVÍDALAS, no pierdas el tiempo en ellas.

Siempre el cuadrante C es el más complicado. Tendemos a pensar que todas las cosas las “tengo que hacer yo” porque “yo lo sé hacer” o “yo las hago mejor y más rápido”. Pero nada más lejos de la realidad.

Ir a comprar una docena de huevos de la L al Mercadona y un kilo de arroz bomba lo puede hacer cualquiera… ¿o no? Sólo deberás tener cuidado de delegarlo en alguien que te de la seguridad de que los huevos llegarán enteros a tu casa…

Y sí, es duro, pero el cuadrante D es un enemigo. Ahí están los distractores, las cosas improductivas y todo aquello que nos hace perder el tiempo. Nos quita tiempo de hacer las cosas del cuadrante B y hace que éstas den el salto mortal… pasan a la casilla A… Ahora ya no tengo tiempo, me pilla el toro. ¡QUÉ ESTRÉS! Bingo.

Así que ahora que tienes tu cuadrante hecho, desde hoy, procura que la mayoría de tus tareas se encuentren en el cuadrante B. Las del cuadrante A se colocarán solas ahí, descuida. Así que procura no inflarlo.

3. Practica la respiración y la meditación.

Sorprendentemente, si has hecho los deberes de forma diligente, habrás empezado a generar “espacios” en tu día día. Esos espacios son muy importantes, da igual lo grandes que sean. Pueden ser de 10 minutos, una hora o una tarde entera.

Yo te propongo que procures un espacio de 10 minutos al final de cada día para practicar la respiración consciente. Es un tipo de respiración que te va a ayudar a conectar contigo y a relajar tu cuerpo y mente.

No importa si ese día ya has tenido tu sesión de gimnasio, Zumba o spinning.

Casi mejor! Además, te animo a que impliques a tu pareja si la tienes. 10 minutos no es nada de tiempo y tampoco necesitas hacer nada especial, puedes hacerlo en el salón de tu casa. Mejor si ya se han acostado los niños…

Os sentáis en el sofá con la espalda recta y cerráis los ojos. Podéis poner un poco de música muy muy suave. No hace falta que sea música chillout o tibetana… cualquier tipo de música instrumental, incluida la clásica, funciona de maravilla.

Debéis hacer respiraciones profundas, diafragmáticas. Inhalando, notando cómo el aire llena vuestros pulmones y la barriga mientras cuentas hasta 4. Retenéis un segundo el aire y lo expulsáis, vaciando durante otros 4 segundos.

Uno puede hacer de guía e ir diciendo en voz alta “cogemos aire…1…2…3…4…mantenemos….y soltamos…1…2…3…4…”

Cada vez que coges aire, nota cómo el aire es limpio, fresco. Nota como invade todo tu cuerpo, tus extremidades… presta atención sólo a la respiración. Al expulsar el aire, aprecia cómo ahora el aire es caliente, cómo tus músculos se aflojan poco a poco.

Relaja los músculos poco a poco a la vez que haces las respiraciones. Obsérvate. Localiza puntos de tensión y haz que con cada exhalación se libere la tensión ahí acumulada. Repasa cada zona de tu cuerpo. Presta atención a la respiración….1….2….3….4

Si tienes alguna duda, déjame un comentario.

Si lo necesitas, me comprometo a enviarte un audio hecho por mí para que hagas la respiración de forma guiada (con música ya incluida) para facilitarte las cosas. En estas primeras veces es bastante útil contar con una ayudita…

Y nada más por hoy. Descarga el ebook, ponte las pilas, empieza a trabajar estas 3 rutinas y sobretodo, cuéntame tus avances!! Estoy ansioso por saber qué tal te han ido. Seguro que de maravilla.

Cuídate mucho.

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